Está en : Inicio » Catálogo » Libros Antolin de la Torre » El Noni el arbol de la vida

Logo  

Herbolario Mercado Natural - Productos naturales y dietéticos

Telefono 914443424  

Menú de navegación  

 
Carrito
En su carro 0 productos
TIENDA ONLINE

Productos naturales

Productos naturales

Remedios para ...

Remedios para ...

Artículos y Libros

Artículos y Libros
Cuidado del cuerpo
Desintoxicación iónica
Dolor y energía
Higiene personal
Lavado ecológico
Libros Antolin de la Torre
Revista

Producto estrella

Producto estrella
Sistema Cuántico Bio-Eléctrico
Sistema Cuántico Bio-Eléctrico
“Tenga un medico en su casa” Principio del Análisis El ... leer más.

Cepillo Soladey

Cepillo Soladey
Nuestro Herbolario

El Noni el arbol de la vida

Las informaciones facilitadas en este libro, están basadas en distintos artículos, informes y libros escritos por eminentes médicos, naturópatas y bioquímicos y es solo para motivos informativos y educativos.

Fecha: jueves 22 abril, 2010

Más información: Para una mas comoda lectura puede descargar el libro del Super Noni aquí en formato PDF

El Noni el arbol de la vida

Hay una palabra que seguramente, querido lector, no habrá oído nunca: serendipia. La serendipia consiste en como algunos descubrimientos, que han marcado a la humanidad, cambiando muchos de ellos su curso, han sido descubiertos por pura casualidad. Algunos ejemplos son la penicilina por Alexander Fleming,  la dinamita por  Alfred Nóbel, el oxígeno por  Joseph Priestley o la vacuna contra la viruela (él la llamo inoculación) por parte de Edward Jenner, solo por nombrar algunos. La historia de  estos descubrimientos y de muchos mas constituyen una lectura fascinante y sobre ellos hay abundante bibliografía.

Y en cierto modo, aunque por supuesto sin poderme comparar con las personadas mencionadas,  es lo que me ocurrió a mí con el Noni, sobre el que  nos vamos a ocupar en este libro. El destino a veces nos juega buenas y malas pasadas y esta es la historia serendípica,  de lo  que me sucedió a mí con el Noni. Juzguen Vds.

 A mediados del año 1997 y por motivos profesionales, me encontraba en Nueva York acompañado por mi amigo David Fernández. Desde hacía un par de años, David sufría una enfermedad que hasta aquellos días no había podido controlar con ningún tipo de medicamento. Mi amigo padecía unas migrañas terribles desde que  se levantaba hasta que se acostaba y a pesar del cansancio acumulado por el día,  apenas podía dormir porque los dolores le acosaban, incluso en las horas de descanso.

En los periodos agudos de su  enfermedad, su rostro dejaba traslucir las pocas horas de sueño conciliadas e incluso el dolor que sentía, hasta tal punto que uno de los días en que bajábamos en el ascensor del hotel a desayunar, y puesto que el ascensorista nos conocía por nuestras estancias en otros viajes, le pregunto  que le ocurría. David le explicó sus terribles migrañas, sus pocas horas de descanso, y que ya no sabia que hacer para dominar aquellos terribles dolores que llegaban a transfigurar su rostro.

El ascensorista, un muchacho de unos 20 años y de origen tahitiano que atendía por el nombre de Michael, hizo el siguiente comentario: “Si usted tomase Noni se sentiría mejor”. David y yo nos miramos y sin necesidad de decirnos una palabra, nos comprendimos con la mirada. ¿Noni? Era la primera vez que tanto él como yo oíamos esa palabra. ¿Sería  un nuevo analgésico que desconocíamos? Al fin y al cabo nos encontrábamos en los Estados Unidos, el país donde cualquier nuevo producto llegaba primero. Michael debió de comprender nuestra mirada y sin darnos tiempo a formularle pregunta alguna,  continuó: “El Noni es un árbol  milenario que crece en la Polinesia, capaz de curar mas de 100 enfermedades, entre ellas su migraña, Sr. Fernández”.

Yo, particularmente cuando oí que curaba mas de 100 enfermedades, sonreí y lo relacioné inmediatamente con el famoso “ungüento amarillo” con el que mi abuela decía que curaba todo y que por supuesto existía, pero para el que cada abuela tenia su receta particular. Con  mi  mentalidad occidental pensé que aquello era imposible, pero Michael, en el corto recorrido que efectuó el ascensor, nos quiso explicar y convencer de  que la fruta del árbol del Noni curaba desde hacia siglos, las principales enfermedades que asolaban a la Polinesia periódicamente. Al mismo tiempo que Michael daba estas explicaciones, yo observaba la cara de mi amigo, que no se perdía ni una sola de las palabras que pronunciaba aquel  ascensorista tahitiano, que el destino había puesto en su camino y que, como veremos, iba a cambiar su vida. Desgraciadamente el ascensor llegó a la planta baja y la conversación quedó interrumpida en el punto más interesante. Continua....


Visto:1703 veces
Continuar
footer