Vamos a empezar este artículo de una forma curiosa y quizás un tanto macabra, puesto que vamos empezarlo hablando de cadáveres y más concretamente de momias, de momias del antiguo Egipto. Por que ¿Sabían ustedes que en los más de 1500 años en que existió el proceso de momificación del antiguo Egipto, los embalsamadores fueron capaces de efectuar este proceso a más de 750 millones de cadáveres?
Desgraciadamente, muchas de estas momias desaparecieron debido al calor tropical de África y solamente algunas descubiertas por la moderna arqueología, las perfectamente embalsamadas de los faraones y la nobleza, han llegado hasta nuestros días. El proceso era complejo y para no cansarles mas con este preámbulo, veamos como se realizaba su fase final, posicionar las vendas sobre el cadáver.
El acto de vendar el cuerpo embalsamado era bastante complejo, hasta el punto que se consideraba un verdadero arte, dominado únicamente por los coaquitas (sacerdotes que además tenían el cometido de leer las fórmulas sagradas durante la momificación). Estos eran capaces de doblar las vendas de mil maneras diferentes, formando artísticos pliegues y adornos. Primero se envolvían las extremidades, incluso dedo por dedo, luego la cabeza y finalmente el tronco. Entre 500 y 700 metros de tela se empleaban en empaquetar una momia. En los diferentes estratos de las vendas de lino se incluían asfaltos, resinas, aceites de varias clases, mieles, flores y hierbas.
Fijémonos en los últimos ingredientes citados. Cada uno de ellos tenia una misión y para el tema que hoy nos ocupa fijémonos en…la miel.
La miel de manuka y las quemaduras
Por que la miel no es solo es un alimento de lujo desde la antigüedad, si no que también era considerada como una poderosa medicina (los antiguos griegos la utilizaban para ayudar a sanar quemaduras y llagas), jugando un papel central en la lucha contra las bacterias y en el caso de nuestras momias, increíblemente después de miles de años, los tejidos guardaban aun formas reconocibles. La razón era sencilla: la putrefacción cadavérica, que se inicia inmediatamente después de muerte y que se origina por agentes microbianos, que no habían podido completar su trabajo de destrucción a lo largo de los siglos, debido precisamente a la capa de miel en la que estaba envuelta el cadáver. Y es que cualquier tipo de miel además del alto contenido en azúcares, el bajo pH y su contenido en peróxido de hidrógeno, hacen que tenga propiedades antibacterianas capaces de efectuar el pequeño milagro que hemos descrito.
¿Tienen todas las mieles estas propiedades? La respuesta es afirmativa siempre y cuando en su proceso de conservación no se haya superado una temperatura de 38º C (las mieles pasterizadas pierden todas sus propiedades). Ahora bien, dentro de la amplia gama de mieles conocidas, muchas de ellas propias de lugares recónditos, hay una muy especial. Nos referimos a la miel de Manuka, vieja conocida del que escribe estas líneas y de la que ya nos hemos ocupado en diferentes artículos. Recordemos algunas de sus características.
Obtenida de un arbusto que únicamente se encuentra en el valle de la Manuka de Nueva Zelanda, sus efectos medicinales y antibacterianos han sido conocidos desde hace miles de años, siendocapaz de destruir bacterias mutantes, como la MRSA (estafilococus áurea resistente a la meticilina). El contenido en antibiótico de la miel de Manuka es tal, que es capaz de impedir el crecimiento de una serie de infecciones en heridas, quemaduras etc incluso a muy bajas concentraciones. Además de sus fuertes propiedades antibacterianas, en la miel Manuka también se ha encontrado propiedades anti-inflamatorias, reduciendo el dolor asociado con heridas.
En las fotografías que incluimos pueden ustedes ver como puede actuar la miel de Manuka sobre una quemadura de segundo grado.
El aparato digestivo y la miel de manuka
Pero al igual que la miel de Manuka puede actuar sobre bacterias que actúan sobre el exterior de nuestro organismo hay que recordar que el campo de acción bacteriano se desarrolla también en el interior de nuestro cuerpo y para el caso especial de la miel de Manuka, vamos a prestar atención a nuestro aparato digestivo. Para ello hagamos un poco de historia. Situémonos en el año 1979. En este año, J. Robin Warren, patólogo del hospital australiano de Royal Perth, hizo una observación sorprendente. Al examinar las biopsias de estómago practicadas a determinados pacientes, advirtió que en muchos casos las muestras contenían un número elevado de bacterias curvadas o espiriformes. Lo normal es que el ácido del estómago destruyese este tipo de microorganismos, antes de que se asentasen en la mucosa gástrica. Pero las bacterias que Warren veía estaban alojadas por debajo de la espesa capa de moco que recubre la superficie del estómago y las protegía del ácido. Warren comprobó también que las bacterias aparecían en muestras de tejido hinchado y ulcerado.
No le fue fácil a Warren, ni siquiera con el entusiasmo de su joven colaborador Barry J. Marshall, hacer crecer aquellas bacterias desconocidas para poderlas estudiar. Comenzaron a trabajar en 1981. Un año después, habían intentado, sin éxito, conseguir cultivos a partir de muestras obtenidas de unos treinta y tantos pacientes. Llegaron las vacaciones de pascua de 1982.
El personal del laboratorio había dejado incubando inadvertidamente algunas de las placas; así permanecieron cinco días, en vez de los dos habituales. En la quinta jornada aparecieron las colonias. Una vez más la serendipia (grandes descubrimientos casuales) intervino en el proceso de forma totalmente fortuita para ayudar a la humanidad y como si fuese una copia del descubrimiento de la penicilina por parte Sir Alexander Fleming, Warren descubrió la bacteria Helicobacter Pyloris y su relación y causa en más de un 80 % de las úlceras de estomago y duodeno y que ha venido importunando al hombre desde que emigró de África por primera vez hace aproximadamente. 60.000 años. Aun así la comunidad científica de la época rechazo en una gran parte el descubrimiento de Warren, quien tuvo el valor de inocularse la bacteria y desarrollar una úlcera péptica, demostrando en su propio organismo sus teorías. En mi opinión, uno de los premios Nobel de medicina mas justificados fue el concedido en 2005 a estos dos investigadoras Su descubrimiento está considerado como uno de los episodios científicos más relevantes de los últimos 25 años. Gracias a Marshall y Warren la úlcera péptica ya no es más una enfermedad crónica, sino una enfermedad que puede curarse con un régimen de antibióticos e inhibidores de la segregación ácida. Y en cuanto a su diagnóstico, una simple prueba de aliento puede detectar la presencia de la bacteria y si la ulcera gastro duodenal, al ser en un porcentaje muy elevado de origen bacteriano, puede ser tratada mediante el uso de antibióticos con éxito. No olvidemos sin embargo, que aun a pesar de este éxito innegable de los antibióticos en procesos bacterianos, hay que considerar también los efectos colaterales que pueden tener sobre nuestro organismo.
Como siempre, la pregunta es: ¿Hay algún producto de origen natural que tenga el mismo efecto antibacteriano que la combinación de los tres antibióticos que se utilizan para la erradicación de la Helicobacter Piloris? Por supuesto si han leído ustedes con atención las líneas anteriores la solución está en la miel de Manuka y por mi experiencia personal, puedo decirles que en un 90 % de las consultas que he tenido en un porcentaje muy elevado el éxito ha sido completo.Hay aun más. La miel de Manuka actúa en procesos como puede ser una hernia de hiato, una gastritis, un reflujo esofágico etc también con un éxito innegable
Pero al igual que no todas las mieles son iguales, no todas la mieles de Manuka son iguales ni sus efectos La realidad es que no se sabía el por qué del poder extraordinario curativo de esta miel y para clasificarlas, se le atribuyó un factor empírico denominado UMF (Unique Manuka Factor) con las que se clasifico sus distintos grados de actividad. Lo cierto es que , la medida UMF, estaba basado en el efecto biológico que causaba, sin conocer que principio activo era responsable de dicha actividad y durante 15 años este fue desconocido
El descubrimiento vino del grupo de investigación dirigido por el profesor Thomas Henle, de la Universidad de Dresde (Alemania), que demostró sin ninguna ambigüedad y por primera vez, que el responsable de la lucha contra la actividad bacteriana de la miel Manuka era el compuesto Metilglioxal (MGO). En efecto, hasta el momento la miel de Manuka ha sido el único alimento en el mundo con un importante contenido de Metilglioxal (MGO), que va desde 20 mg/kg hasta 800 mg/kg. En cambio todas las demás mieles analizadas, tienen como máximo cantidades que han oscilado de 1 a 10 mg/kg, y otros alimentos como el café o el cacao han estado entre de 0 a 50 mg/kg. Asi pues, la norma única, precisa y fiable para conocer la actividad de la miel de Manuka es el contenido en Metilglioxal o MGO ™ desde principios del 2008, en nuestra opinión mucho mas exacta que la antigua denominación UMF
La primera Compañía que ha utilizado esta nueva medida ha sido “Manuka Health Company” de Nueva Zelanda, con su marca MGO que aparece en las etiquetas de todos sus artículos, de acuerdo con las normas elaboradas por la Universidad de Dresde, basadas en el contenido de Metilglioxal. Por ejemplo, un MGO ™ 100 en una miel de Manuka, garantiza que esta miel contiene por lo menos 100 mg/Kg. de Metilglioxal. Es pues de desear que al adquirir la miel de Manuka, la adquieran ustedes con la denominación MGO que debe de aparecer claramente en la etiqueta y que le garantizara la cantidad de principio curativo que contiene
En definitiva. A la hora de iniciar un tratamiento con miel de Manuka tanto interno como externo, el éxito está asegurado si siguen ustedes los consejos de un especialista en este producto, que les dirá el grado MGO que tiene usted de adquirir, como tomarla y la duración del tratamiento